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Muchos padres responsabilizan a las malas compañias de conducir a sus hijos por el mal camino, pero en realidad es que muchas veces, la familia, sin darse cuenta, puede propiciar en el niño o en el joven al uso de drogas. La ausencia física de los padres u otros mienbros de la familia, la falta de apoyo emocional, no establecer normas y límites puede contribuir al consumo.

Construir auténticas relaciones de afecto y limitarse a dar alimento, objetos o dinero. Sobreprotejer a los hijos, ignorar sus capacidades y no permitir su independencia tambíen es un factor de riesgo. Tambíen el exeso de autoridad, que se manifiesta en maltrato y castigo.

El clima que brindamos en nuestro hogar cuando es siempre de discusión, tensión e incomunicación favorece a no poder mantener un dialogo fluido con ellos.

La despreocupación total por satisfacer las necesidades básicas de alimento, vestimenta, educación, recreación y afecto, creyendo que cuanto más trabajo pasen nuestros hijos, más aprenderán.

Poseer antecedentes familiares en consumo de droga, es también un factor de riesgo, predicar conductas que nosotros mismos damos.