El alcoholismo es una enfermedad que conlleva una adicción al igual que las drogas. La diferencia con estas últimas radica en que la compra y venta de drogas está penada con la ley, cosa que no pasa con las bebidas alcohólicas. Otra diferencia es que, en general, el abuso del alcohol es aceptado en la sociedad, cosa que no pasa con las drogas.

Como toda enfermedad el alcoholismo tiene algunos síntomas, entre los cuales se encuentran:
- La creciente tolerancia hacia los efectos que produce el alcohol.
- La necesidad diaria del consumo de bebidas alcohólicas, la cual se va incrementando progresivamente.
- La pérdida del control, ya la persona es incapaz de dejar de beber o de moderar el consumo del mismo.
- Se bebe solo cada vez con más frecuencia, sin importar si la excusa es valida.
- Se producen lagunas en la memoria, es decir episodios de amnesia, de los cuales la persona no puede volver a recordar.
- También se producen episodios injustificados de mal humor o de violencia relacionados con el consumo.
- Problemas en la vida familiar, social y laboral del adicto.
- Hay pérdida del apetito y hasta incluso intolerancia a la comida.
- Se reduce considerablemente la alimentación y se comienza a descuidar de la apariencia.
- Cuando se toca el tema de la bebida la persona se vuelve hostil e intenta ocupar su problema con la misma.
- La persona comienza a padecer de nauseas, vómitos, dolores abdominales, calambres, temblores incontrolables, confusión, cansancio, insomnio, agitación y enrojecimiento debido a la dilatación de los capilares de la cara, entre otros.