Aunque muchas personas no puedan creerlo, existe algo que se llama adicción sexual que afecta a muchas personas. Esta adicción es una de las más negadas en todas las culturas.

En algunos casos se intenta racionalizar esta conducta compulsiva sexual (sobre todo masculina) con el fin de minimizar o disminuir el sufrimiento que se produce en la persona o dentro del ceno familiar donde ocurre esta situación.

Hay que tener en cuenta que no toda desviación sexual es una adicción, pero en el caso de que se use al sexo como sustituto de las relaciones denominadas sanas es un síntoma de este desorden sexual.

Esta adicción se manifiesta de forma similar a como lo hacen otras adicciones, es decir, a través de un patrón de descontrol en la conducta sexual que luego son seguidos por periodos de calma.

Al igual que en otras adicciones, la negación, la justificación y la racionalización están presentes, además de formar parte del desorden. Los pensamientos obsesivos sexuales y las consiguientes fantasías se hacen cada vez más imprescindibles para poder lidiar con los problemas diarios de la vida.

En general son frecuentes los cambios de ánimo por lo cual la comunicación con las personas que rodean al adicto sexual se hacen cada vez más difíciles. A todo esto se suma la desconfianza que sienten los familiares por las constantes y repetidas situaciones incomodas que esta persona viva y hace vivir al resto.

Las esposas o esposos y los hijos de los adictos a esta enfermedad son los que más sufren a causa de este mal.